CUENTO DE NAVIDAD: La historia de Luna, abogada perruna.


perros navidad

¡Zas! Para cuando se quiso dar cuenta ya estaba atrapada en la cesta de aquel tipo vestido de gris.

La furgoneta estaba abierta por la parte de atrás y el hombre metió con brusquedad a la perra en una jaula, cerró las puertas y arrancó el motor. Luna, una teckel de pelo largo y pardo no sabía muy bien qué estaba pasando. El frío de la calle se colaba en el interior de la furgoneta y le mordía las mejillas.

Una helada asolaba a la ciudad y hacía muy dura la vida en la calle, igual que en la Navidad pasada. Era eso precisamente en lo que Luna estaba pensando antes de que le atrapara aquel hombre. Hubo un día en que ella tuvo una familia y un hogar.

Era Noche Buena cuando la sacaron de una caja roja decorada con un lazo verde y se la pusieron en el regazo de un niño sonriente. Cuántas vueltas da la vida. Esa felicidad se esfumó con la llegada del verano. Igual que el frío se marchó a otra parte del mundo, la familia de Luna desapareció y ella acabó abandonada en las calles de la ciudad.

Ahora su historia se había complicado aún más y viajaba en una misteriosa furgoneta, encerrada en una jaula y sin saber a dónde se dirigía. Las dudas se despejaron tras un par de horas de viaje. La perrera se levantaba siniestra en la oscuridad de aquella noche de diciembre, como una bestia silenciosa aguardando a sus presas.

Los primeros días Luna no lo aceptaba. Fue una sensación parecida a la que experimentó cuando su familia la abandonó. Se sentía confundida, enfadada y triste. Pero después de unos días empezó a aceptar que había pasado de ser una perra con hogar, a una perra callejera a, finalmente, una perra prisionera.

Los días pasaban aburridos y ella recordaba a su familia. No entendía porqué la habían abandonado de un día para otro como si no fuera más que una desconocida. Hablando con otros perros empezó a entender un poco la cruda realidad. Se hizo amiga de un mestizo de mastín que pasó por una experiencia parecida a la suya y se percató de que la mayoría de perros abandonados cumplían un patrón. Fueron comprados en Navidad y abandonados en verano.

Luna entendió que su caso no era aislado. Muchos perros comprados en Navidad eran abandonados en verano.

De esta manera, Luna se dio cuenta de que había un problema y que los perros sufrían abandonos masivos por parte de humanos irresponsables. Cundo Luna llegó a esa conclusión, notó cómo le hervía la sangre. Quien conozca la raza de los teckel sabrá que son muy tenaces y cabezotas. Luna, además, tenía un gran sentido de la justicia.

La perra comenzó a pensar en qué podía hacer para ayudar a sus congéneres y, de repente, un día tuvo una gran idea: «debería estudiar derecho y denunciar los casos de maltrato y abandono que sufrimos los perros».

Sin más dilación, Luna les comentó la idea a sus cuidadores de la perrera, quienes no vieron ninguna pega en que una teckel curiosa tuviera acceso a la biblioteca.

Luna comenzó a pasar largas horas ojeando los pocos libros de derecho que había en la perrera. Tan grande era su afán por aprender teoría legal que, a finales de enero, una voluntaria del centro que era estudiante de derecho le regaló varios libros que había utilizado en la carrera.

En cuestión de pocos meses Luna se había convertido en una experta en Derecho Romano, Derecho Constitucional y se sabía al dedillo el Código Penal.

Fue muy rara la cara que se le quedó al decano de la Facultad de Derecho cuando recibió una carta con remite de la perrera. La misiva estaba firmada por una tal Luna, una teckel que había estado estudiando derecho por correspondencia durante los últimos 5 años, y que quería ser examinada para hacerse con el diploma de abogada.

Técnicamente, no había nada que impidiera a la universidad examinar a una perra sobre sus conocimientos en derecho, así que, aunque la situación fue rara, Luna puedo ir a la facultad a pasar una serie de exámenes que acreditaran su formación en el noble arte de la abogacía.

Poco tiempo después, la universidad mandó una carta a la perrera en la que indicaban que Luna había pasado los exámenes y que, según las leyes humanas, estaba capacitada para ser abogada. Los encargados del centro de acogida se sintieron confusos, ya que un perro solo abandona la perrera si era para ser adoptado. No sabían qué hacer con una perra que se había sacado una carrera, así que, le dijeron a Luna que podía marcharse si quería.

Dos día después Luna volvió a la calle. Pero esta vez con un plan en su cabeza: ser la Ally McBeal de los perros. Mientras tanto, la noticia de que una perra se había convertido en abogada se fue extendiendo como la pólvora hasta que salió en la prensa local. Los periodistas comenzaron a entrevistar a Luna, lo que le ayudó a empezar a ganar clientes.

La perra abogada comenzó a denunciar casos de abandono, representó a perros maltratados en juicios humanos, llevó ante el estrado a varios cazadores furtivos, organizó una ONG de ayuda a perros sin techo e hizo campaña para concienciar sobre la cría irresponsable de perros. Incluso, una marca de yogures la llamó para que hacer un anuncio. Cada vez Luna se hacía más famosa.

¿Es usted Luna, la abogada perruna?

Una mañana, el teléfono de la oficina de Luna comenzó a sonar y ella lo cogió con el manos libres. – Buenos días – comenzó a decir la voz al otro lado– ¿es usted Luna, la abogada perruna?. Ella respondió afirmativamente. –Le llamamos de Snau, servicios para perros. Estamos al tanto de su actividad en pro de los derechos para perros. Quisiéramos saber si estaría dispuesta a colaborar con nosotros en nuestro blog, escribiendo sobre los casos en los que trabaja.

Luna pidió que se le diera una semana para pensarlo, ya que estaba muy ocupada en un caso de un schnauzer contra un funcionario de correos. Pasado ese tiempo, la perra aceptó colaborar con Snau en la cobertura de la actualidad perruna. Gracias a esto, a partir de ahora nuestros seguidores podrán disfrutar de los artículos de esta experta en derecho perruno que decidió tomar cartas en el asunto y luchar contra la injusticia.

La historia de Luna, la abogada perruna, no ha terminado aquí. Todo lo contrario, ya que se está convirtiendo en un referente del animalismo. Además, nos consta que ha entablado contacto con varios partidos políticos para modificar leyes en beneficio de las mascotas. Ella misma nos irá informando de sus aventuras en este blog, así que estad atentos. 

 


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